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Reflexiones de un proceso no especulativo Chile en Sudáfrica 2010

Enviado por Gino Bailey Bergamin el 26/06/2010 a las 07:15 AM

Terminada la fase de grupos del mundial Sudáfrica 2010, quedan muchos análisis que hacer, y muchos detalles que observar, todos bajo un prisma propositivo.

Si recordamos el mundial de 1998, la clasificación era el triunfo obtenido en una clasificatoria sin Brasil, y por diferencia de puntos contra el Perú.

En estas eliminatorias, la clasificación fue consecuencia de lo que se había trabajado, y estar en Sudáfrica no fue una obtención por diferencia de gol, habiendo clasificado una fecha antes, siendo superado sólo por Brasil.

El momento previo, toda la temporada sufrida para las clasificatorias del mundial de 1998 estuvo marcado por aspectos que grafican un perfil de nuestra historicidad “mundialera”. El buen momento internacional de 2 de los delanteros (Zamorano y Salas), el buen nivel de 1 o 2 jugadores del medio local, y nuestro enfoque histórico de no tener una identidad marcada fuera del toque de balón , la confianza en el 10, y la oportunidad de los delanteros de turno.  Una identidad que siempre ha mostrado, o que siempre mostró a un seleccionado que jugaba visita y local impregnado de aquella visión que desde Riera no se reformaba.

Aquel seleccionado partió un proceso con muchos jugadores del medio local, y terminó el proceso con los mismos jugadores en el medio local, salvo una o dos excepciones que tuvieron luego una fugaz participación Europea (Acuña, Margas)

El seleccionado de Bielsa, partió con un grueso de jugadores del medio local, sin delanteros que brillaran internacionalmente, teniendo sólo a 2 inminentes figuras que podían desarrollar un perfil en el futuro (Vidal y Fernández)

Bielsa partió desde un punto cero, y por arte de alquimia, junto a una administración ordenada desde la ANFP, fue generando un plantel que además de ser competitivo, desarrolló un estilo de juego impropio a nuestra tradición.

Ya no se veían los tratos a la prensa con privilegios, los jugadores se tomaron en serio el seleccionado como parte álgida de la profesión, y se generó un objetivo común: “jugar de modo protagonista para ganar” como algo unificado, a lo que jamás se debiera renunciar.

Si bien muchos jugadores venían con un trabajo en seleccionados juveniles, la mayoría firmó contratos, luego de la participación en el torneo “Esperanzas de Toulon”, lo que permitió que muchos de ellos tuvieran una competencia de nivel, en otras ligas totalmente superiores a la nacional.

Y no sólo eso. Jugadores que no tenían fútbol ni nivel internacional lo adquirieron. El caso de Beausejour es notable. Un jugador que mostraba potencia, capacidad física, terminó siendo un jugador completo, que además de tener capacidad física, perfeccionó el remate, llegó a gol y generó recuperación.

Pero lo más importante es la reforma futbolística. Reforma que aún no es asimilada por los cancerberos de los medios nacionales, que tiene que ver con la propuesta en un mundial.

Chile en 1998 celebró como un triunfo clasificar, y luego con tres empates, pasar a octavos para cumplir perdiendo o sólo presentándose con Brasil. El Chile del 2010, clasifica de manera holgada como consecuencia de un estilo de juego agresivo, siendo el reflejo, de aquello que se vio en la primera fase del mundial.

El reciente partido contra España, perdido 1-2, más allá de los errores puntuales, y de la falta de categoría de algunos jugadores suplentes, fue una reafirmación de lo mismo. Para quienes observaron bien el partido, no se puede concluir que España dominó todo el encuentro, ni que tuvieron un desarrollo fácil. Chile hasta el minuto 20, ejerció el dominio ofensivo, frente a la selección campeona de Europa y principal favorito europeo a ganar el mundial.

Se rebeló al orden preexistente, donde el subdesarrollo con parámetros comprobables, puso en jaque al gobierno de una elite, bajo sus mismas reglas y métodos.

Un equipo que en sus 3 partidos manifestó una dinámica física más ostensible que los propios europeos, que hacía recordar a la mejor Holanda del pasado. Un equipo que no tiene grandes individualidades, logró emitir un mensaje de agresividad y protagonismo, más allá de los riesgos que se corrían.

Se clasifica con un gusto más amargo, porque como colectivo, como juego de todos y no de algunos pocos, Chile ha sido la expresión de las bases antropológicas del fútbol, aquellas que encontramos sólo en el amateurismo, y que políticamente también es un tanto molesto porque es un volver al origen, distanciándose de todo significado publicitario y de la desigualdad socioeconómica ostensible que día a día se genera al interior de este deporte.

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